lunes, 26 de enero de 2009

UN ALEMÁN DE HACE 3.000 AÑOS




Rebuscando, seguro que hasta el más común de los españoles puede recordar ancestros de hace cuatro, cinco o seis generaciones o incluso remontarse algunos siglos atrás. Pero todo parecerá una broma en comparación con la lista familiar del alemán Manfred Huchthausen, un maestro de escuela de 58 años residente en el distrito rural de Osterode, en el lado suroeste del profundo bosque de Harz, en el centro del país.
Huchthausen es el ciudadano del planeta con la familia más antigua. Se ha convertido en una pequeña gloria local al demostrarse que tiene un abuelo de hace 120 generaciones. Exactamente un hombre que vivió en la Edad del Bronce en estas montañas y que estaba enterrado en una cueva junto a otros 40 humanos de hace 3.000 años.
Y en realidad, Manfred no está solo. Su vecino Uwe Lange, un agrimensor de 48 años, también ha sabido que tiene los mismos ancestros. Los dos hombres se conocían de vista hasta que la antropóloga Susanne Hummel, de la Universidad de Gotinga, les reunió para darles la noticia. Gracias a una prueba de ADN, se demostraba que ambos eran parientes de un cráneo encontrado en 1993 en la cercana cueva de Lichtenstein y datado por el carbono 14 en 3.000 años.
Las pruebas han mostrado una total similitud entre aquellos hombres que vivieron entre el 1.000 y el 700 a. C. y entre los dos vecinos actuales del pueblo. El ADN viene a decir que, en 3.000 años, las familias de Manfred y de Uwe jamás se han movido de su pueblo, un monumental caso de arraigo al terruño documentado por la genética.
La cueva está situada en un paraje de difícil acceso, pero era bien conocida por los paisanos. Manfred reconoce que había jugado en los pasadizos de niño. «Pero no me habría atrevido a entrar si hubiera sabido que mi tatarabuelo, o lo que sea, estaba allí enterrado», ha bromeado en algunas entrevistas. La cripta con los restos humanos prehistóricos no se halló hasta 2003. Cuatro años después, la investigadora Hummel y su equipo pudieron extraer material genético de los huesos encontrados. «Tuvimos una suerte increíble», ha declarado la experta, «el material estaba tan fresco como la sangre que los forenses recolectan tras un crimen».

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